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Las aventuras de un productor independiente de energía renovable

Publicado

14/2/21

en

El Mundo

Lamberto Camacho ha puesto placas solares en las bases militares de Irak y Afganistán y en algunos de los países más peligrosos de África, pero se queja de que "el exceso de inyecciones hace que a veces sea más difícil hacer negocios en España".


Lamberto Camacho (Tijuana, México, 1978). "Yo vivía en Namibia, que está al lado", recuerda. "Y pues vamos, ¿no?, le dije a mi socio. Estamos aquí muertos de hambre, a ver qué nos dice esta muchacha". Camacho acumulaba a esas alturas algunas horas de vuelo como emprendedor. "Empecé desde muy chavito en el negocio de aduanas de mi padre. Mi primer cliente propio fue la IBM, le movía todo tipo de equipos por Latinoamérica y, cuando egresé de la universidad, me ofrecieron irme con ellos y me mudé a Boulder, Colorado". Trabajar para un tercero no era de todos modos lo suyo, "tenía el ADN empresarial", y no tardó en instalarse por su cuenta. Prestaba servicios de transporte internacional y entró en contacto con los fundadores de SunEdison, una de las primeras y mayores productoras independientes de energía fotovoltaica.


El sector despegaba entonces y Camacho debió de ver más porvenir en las renovables que en la logística, porque vendió su compañía y se fue con ellos. Firmaron un gran contrato con el ejército americano. Las campamentos de Irak y Afganistán necesitaban luz y los grupos electrógenos de SunEdison no dependían del acarreo de carburante, "que costaba vidas y dinero". Les fue muy bien, abrieron fábricas en México y Estados Unidos, pero la guerra acabó y, buscando un perfil de cliente similar, se dieron cuenta de que en los países poco electrificados las torres de comunicaciones son como bases militares: están aisladas en medio de la nada. Así había terminado en Namibia. "¿Peligroso? En absoluto, fue colonia alemana y es como Baviera. La gente es amable, recta, transparente, pero no tienen gas ni carbón ni petróleo, la energía la importan de Sudáfrica y no les gustaba depender de una nación que los había ocupado durante décadas. Me fui allí a colocar placas y entonces fue cuando le llamó Isabel dos Santos.


Hay que decir que Angola no es Namibia. La gente no es recta ni trasparente, "pero éramos muy pendejos y allá que nos vamos. Nos recibe un funcionario que nos explica: mira, tenemos una parcela ideal para un parque fotovoltaico, a una hora de Luanda, planita, con mucho sol, 100 hectáreas. Y va pues, digo, vamos a ver qué hay. Entonces llegamos y está llena de letreros rojos que pone: "Danger, mines". Y dice mi socio, ¿cómo que mines? Pues eso, cabrón, minas, le digo. Y el funcionario: no se preocupen, las hemos quitado todas. ¿Está seguro?, le digo, porque yo tengo que tomar una barra e hincarla a un metro de profundidad. Me dice: ¿un metro?, tuerce el gesto, uf..."


A pesar del peligro evidente, Camacho cuenta que Dos Santos aún insistió. "Yo mando personal para que hinque las barras, me ofreció. Pero alguna mina quedará, le advertí, podría haber accidentes. Ya sé, ya sé, me dijo, pero no pasa nada. ¿No pasa nada?, pensé horrorizado... Al final, no sé qué le inventé. Le dije gracias, señorita, el proyecto nos encanta, pero no es técnicamente posible". Camacho se ríe recordando la aventura. "Yo soy mexicano", dice con un punto de fanfarronería, "he vivido en Tijuana episodios más apurados que en África". Además, ya hemos visto que Namibia es como Baviera y le fue fantásticamente, porque en un momento dado las autoridades le preguntaron si podía ayudarles a diseñar un marco legal que atrajera operadores de luz independientes. "Yo no tenía ni idea, pero va, trabajo es trabajo, y en dos años les armé una reforma y pasé de ser un humilde vendedor de fierros a levantar una planta de cinco megas, que hoy no parece nada, pero entonces era la mayor del continente". A pesar del éxito profesional, extrañaba a su familia, la distancia estaba pasando factura a su matrimonio y decidió regresar a México. "Estuve un tiempo como CEO de Solaire Direct México y, cuando me disponía a tomar un descanso, me contactaron de Sonnedix. El Director General me dijo: he oído que te vas, ¿por qué no vienes a hablar antes conmigo? Y me contó un cuento muy bonito, como todos los cuentos son. Quería que me encargara de México y Estados Unidos y le dije vale, pero un año. Así caí en la trampa, porque después de México y Estados Unidos vino Chile, y luego España..."


Volátil


Inicialmente, el riesgo de la energía solar era sobre todo técnico. Muchos clientes preguntaban: esas placas, ¿funcionan de verdad? "Eso ya está resuelto", dice Camacho. "Las células fotovoltaicas se han vuelto una commodity, son de calidad contrastada y perfectamente fiables". El siguiente riesgo que hubo que neutralizar fue el de mercado. "Los precios de la luz son muy volátiles, acabamos de comprobarlo en España: hace seis meses, tocaron mínimos históricos por la recesión mundial y, ahora, han alcanzado máximos históricos por el temporal de frío". Financiar un negocio con unos flujos de caja tan irregulares era caro y difícil, hasta que surgieron los contratos de suministro a largo plazo o PPA (siglas en inglés de acuerdo de compra de energía). Su gran promotor fue Walmart. La cadena de supermercados se ha marcado el objetivo de que el 50% de su consumo eléctrico sea renovable para 2025 y, para cubrirse de los vaivenes del mercado, pidió a los productores que le garantizaran un coste fijo. "Los PPA son instrumentos supercomplejos, de miles de páginas, pero han acabado con la incertidumbre que entrañaba operar una planta. Ahora dispones de unos ingresos regulares con los que puedes acudir a cualquier inversor y, si este se fía de la solvencia de tu contraparte, te facilita financiación".


La generación solar se ha vuelto un negocio tan predecible que hasta los bancos han entrado. El propietario de Sonnedix es, de hecho, JP Morgan y Camacho incluso los convenció a ambos para que, además de gestionar instalaciones, las construyeran. "La promoción es más delicada que la gestión. Se parte de cero. Hay que localizar el suelo, tramitar licencias, solicitar puntos de conexión... Estás a merced de que el ministro se levante una mañana y decrete una moratoria de puntos de conexión, o de que te concedan una declaración de impacto ambiental condicionada a cosas imposibles de cumplir... Todo ello hace que uno de cada dos proyectos se abandone".


Esta elevada mortalidad terminó por echar atrás a Sonnedix. Camacho y otros directivos creían, sin embargo, que seguía habiendo una buena oportunidad de hacer dinero. Constituyeron Ibexia Development, le compraron a JP Morgan la cartera de activos fotovoltaicos de Sonnedix en España y firmaron luego una joint venture con Cox Energy. El resultado es Ibox Energy, una plataforma con 1,5 gigavatios de potencia en varias fases de desarrollo en la península ibérica, y que prepara el salto a Italia. "Abarcamos toda la cadena de valor. Elegimos el terreno, gestionamos los permisos, construimos los parques y los entregamos con un moño [lazo], listos para funcionar".


"¿No los operan?" "Sí, pero a través de otra sociedad, Nexwell. Hemos segregado las actividades porque el riesgo es muy diferente y los inversores no te exigen la misma rentabilidad por la generación que por la promoción. Mantenerlas juntas penaliza tus costes de capital, que es al final el insumo clave. Las placas no son más que vidrio y alambres, y los bastidores en los que van acopladas, meros fierros. Lo caro es la financiación y, cuanto más eficiente seas ahí, más competitivo resultas".


Nubarrón


"El futuro de la industria eléctrica es sencillo", dice Camacho. "Hay que promover más centrales fotovoltaicas, porque únicamente dependen del sol y no están expuestas a que se interrumpa el abastecimiento de gas o petróleo". "¿Y el viento?", le pregunto. "Es un negocio distinto. La producción de un parque solar es fácil de predecir. Depende básicamente del punto geográfico. ¿Estás en Sevilla? Ahí hay sol. No tienes más que ir, buscar un emplazamiento planito y, casi de un día para otro, decides si te instalas. El viento es más caprichoso. Tardas en calcular cuánto sopla, debes tener una turbina funcionando para estimar la generación de un año y todo eso consume capital". "Pero el sol también es intermitente". "Vamos a dotar de más estabilidad a la ecuación incorporando baterías. Eso mejorará la respuesta a las fluctuaciones de la demanda". El nubarrón más inquietante que para Camacho se cierne sobre los productores independientes de renovables es la tentación regulatoria, la intervención del Gobierno en el nombre del bien común. "Hay que dejar espacio a la iniciativa privada. Yo lo que les digo a los políticos es déjennos producir, dejen que quebremos, es asunto nuestro". Y antes de despedirnos añade: "En Nigeria me sacaron metralletas, en Liberia intentaron venderme diamantes, pero nos las arreglamos para salir adelante. En España no existen esos desafíos de seguridad, pero el exceso de burocracia y de injerencias hace que a veces sea más complicado hacer negocios que en África".

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Director de Comunicación

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